Cambio en el paradigma de la jubilación; una realidad en diálogo con el trabajo de la tercera edad.

CONTROVERSIA
14 de agosto

Columna de opinión: Francisco Plass

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En nuestro país el debate sobre el aumento de la edad de jubilación ha estado presente desde hace algunos años, planteándose como una solución para la mejora de las pensiones de los chilenos. Las razones de las bajas pensiones se deben, entre otros factores, a las lagunas previsionales de los cotizantes y los bajos montos de cotización. Para complejizar más el asunto, resulta evidente que ha aumentado la expectativa de vida de las personas, lo que hace más difícil alcanzar una buena pensión; son muchos más los años por cubrir.

El actual Gobierno de Sebastián Piñera, en noviembre de 2018, al enviar al Congreso un proyecto de ley que contribuía a mejorar las pensiones, no consideró el asunto del alza en la edad de jubilación, y en ninguna indicación sucesiva se ha introducido la idea.

A nivel mundial, sobre todo en Europa, cuyas poblaciones están experimentando un preocupante envejecimiento, las antiguas formas de trabajo y jubilación han abierto paso  a nuevas realidades en que se extiende la edad de trabajo y el sistema de jubilación es más flexible. En España, por ejemplo, ya existe la posibilidad de reducir la jornada laboral y complementar el sueldo con una parte de la pensión. No es necesario fijar una edad para la jubilación, sino que se establecen bandas de edades en las que los trabajadores van acomodando su esfuerzo laboral con arreglo a sus condiciones y preferencias. Va quedando atrás el esquema de sacrificarse ahorrando durante los años de la vida de trabajo para después tener un “colchón para la vejez”.

Parece entonces que el alza de la edad de jubilación y su combinación con el trabajo es un elemento a considerar, por la sencilla razón del aumento sostenido en las expectativas de vida de las personas. Estudios recientes del Instituto de Sociología de la Universidad Católica de Chile, señalan que las remuneraciones de las personas, en promedio, decrecen considerablemente a partir de los 55 años; mismas personas cuyas expectativas de vida se acercan a los 90 años y más. Por lo tanto, no hay ahorro previsional suficiente, generado durante la etapa activa, y parece ser que la actividad laboral debe continuar. En este sentido, muchas personas que cumplen edades de jubilación en Chile, siguen estando totalmente vigentes, con buena salud y con potencial para seguir aportando a empresas, emprendimientos y proyectos económicos de diversa índole. El problema con el que se encuentran es que por una parte jubilan para seguir trabajando, y sociológicamente son “jubilados trabajando”, es decir, su entorno se pregunta por qué no están descansando en sus hogares. La flexibilización de los sistemas de pensión de acuerdo a las necesidades de las personas, sugiere la no existencia de edades fijas para el retiro, y en paralelo, se hace imperiosa la necesidad de tener que abrir el mercado laboral a trabajadores con más años. Ello, requerirá, también, de un esfuerzo de los trabajadores jóvenes -insertos en la realidad laboral- para convivir con las generaciones pasadas. Una idea que podría ser interesante es que las empresas cuenten obligatoriamente con ciertos porcentajes de trabajadores mayores de 65 años, que presten funciones en su interior. Sin lugar a dudas el asunto de la mejora de las pensiones, y en general, de la calidad de vida de las generaciones mayores, debe ir en diálogo permanente con su adecuada inserción en la realidad del trabajo.