Vacuna, movilidad y trabajo

LA TERCERA
16 de mayo 2021
OPINIÓN / Diego Nodleman

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Grandes anuncios se han realizado en los últimos días con ocasión del avance en el plan de vacunación contra el Covid-19 a nivel nacional. Es por ello que el Gobierno, con el propósito explícito de aumentar las libertades de personas inoculadas en el marco de la crisis sanitaria y reactivar la economía, han avanzado en la implementación del denominado “Pase de Movilidad” que se erige como una primera etapa hacia el “carnet verde” que ha sido tratado a nivel internacional.

Sin embargo y como ya nos hemos habituado en el último tiempo, estos lineamientos, a la vez que soluciones, traen interrogantes. Una de ellas es aquella relacionada al mundo del trabajo. Como ha sido aludido por autoridades gubernamentales y, específicamente, por el Ministerio de Salud, el Pase de Movilidad “permite desplazarse en comunas que están en Cuarentena o Transición y realizar viajes interregionales entre comunas que estén al menos en Paso 2”. En otros términos, personas que reúnan determinados requisitos, pueden asistir a centros comerciales, parques, plazas y otros lugares antes prohibidos o limitados, sin ser necesaria la obtención de documentos especiales emanados de la autoridad. Pero nada se refiere respecto del trabajo.
Así, esta nueva medida olvida, sin justificación aparente, una de las libertades más básicas de las personas y una de las instituciones que permiten, en mayor medida, la pretendida reactivación de la economía: el ejercicio del empleo. En efecto, con las medidas anunciadas con algarabía en los últimos días, aquella persona que cumpla los requisitos establecidos por la autoridad sanitaria, podrá desplazarse en medios de transporte público, transitar por comunas en cuarentena e, incluso, asistir a centros comerciales para comprar aquello necesario o, si lo estima conveniente, ejercer “el tan chileno vitrineo”. Sin embargo, esa misma persona que reside en zona de cuarentena, supuesta acreedora de nuevas libertades en el marco de las prolongadas restricciones aplicadas, no puede ejercer una de sus libertades más básicas consagradas en el ordenamiento jurídico, a saber, trabajar.

Podrá parecer esta problemática una mera superficialidad, pero ella se torna relevante – e incluso grave- si se lleva a la realidad. Pensemos en empleadas de casa particular que residen en zonas de cuarentena y que, a la fecha, se mantienen suspendidas o, derechamente, sin fuente de trabajo. Planteémonos el caso de trabajadores de servicios no esenciales residentes en zonas confinadas, quienes pueden salir a parques y centros comerciales, pero no asistir a sus trabajos, fuente de ingreso y sustento familiar. ¿Qué ocurre con ellos? La respuesta, si bien no expresa, ha sido enfática: no se les permite trabajar.

Si bien esta problemática no pretende retrotraer los avances que se han derivado del proceso de vacunación (los que, sin duda, son positivos y alentadores), si proyecta poner sobre la mesa un derecho que, sin justificación aparente, no ha sido considerado en las directrices de movilidad. Es más, las medidas derivan en el absurdo que aquella persona vacunada pueda llegar, sin problemas, a la puerta de su lugar de trabajo, pero no ingresar al mismo a fin de cumplir sus labores.

Cuando se analizan libertades en el marco de la restricción actual, la labor de la autoridad es ponderar derechos y definir cuáles son aquellas prohibiciones que se atenuarán: pareciera ser entonces, que el empleo no utiliza los primeros puestos de este análisis. Urge, en este sentido, claridad respecto de las medidas que se adoptan y las razones que las motivan. Así, el mundo del trabajo, como ejercicio de libertad y fuente de reactivación económica, debe ser puesta en el eje de la tan anhelada movilidad.